Presencia | Reseña

«Presencia: un terror que no es para todos»
Escrita por Beto Castro
“Presencia” es una película de horror que se enfoca en una familia que, al mudarse a una nueva casa, empieza a experimentar extraños sucesos que alteran su cotidianidad. Rebekah (Lucy Liu), su esposo (Chris Sullivan) y sus dos hijos, Chloe y Tyler, pronto descubren que no están solos, y lo que al principio parece ser un fenómeno aislado se convierte en una amenaza constante. Lo que empieza como una serie de eventos inquietantes acaba afectando profundamente la dinámica familiar, generando un ambiente de constante desconfianza y ansiedad.

Desde el principio, la película crea una atmósfera densa y perturbadora, donde lo desconocido y lo invisible son los principales motores del miedo. No hay grandes explosiones ni escenas sangrientas; más bien, la trama se apoya en la tensión, en los sonidos extraños, las sombras fugaces y esa sensación de que algo está mal, pero no se sabe exactamente qué. Esta sutilidad en la forma de generar miedo es lo que caracteriza la historia, dejando que la inquietud crezca poco a poco, como una presión que va aumentando sin cesar.
Un punto interesante es la manera en que se presenta la presencia que acecha la casa. La película opta por mostrar a esta entidad desde una perspectiva diferente, dejándonos ver la historia a través de los ojos de lo que parece ser el espectro que la habita. A medida que los sucesos se intensifican, la película invita a los espectadores a preguntarse si la amenaza es real o si todo es una construcción mental. La incertidumbre sobre la naturaleza de la entidad se convierte en uno de los grandes elementos de intriga a lo largo de la película, ya que es difícil distinguir si los personajes están siendo atacados por fuerzas externas o si están siendo consumidos por sus propios miedos internos.

En cuanto a las relaciones familiares, la trama profundiza en cómo la presión de estos sucesos extraños empieza a desgastar la convivencia entre los miembros de la familia. La tensión entre Rebekah y su esposo aumenta, y la relación con los hijos se ve afectada de manera que obliga a los personajes a replantearse no solo lo que está ocurriendo, sino también sus propias percepciones de la realidad. A medida que la familia enfrenta estos sucesos inexplicables, se sumergen en un estado de paranoia y desconfianza, lo que genera una atmósfera cada vez más claustrofóbica. La constante duda sobre lo que está pasando en realidad se convierte en un elemento central de la narrativa.
Lucy Liu, quien interpreta a Rebekah, logra transmitir de manera efectiva esa sensación de angustia y vulnerabilidad que su personaje experimenta a lo largo del filme. La desesperación y el miedo que siente frente a lo que está ocurriendo en su hogar son palpables, lo que hace que el público se sienta conectado con ella. Por otro lado, Chris Sullivan, quien da vida al esposo de Rebekah, ofrece una interpretación sólida de un hombre que intenta mantener la calma mientras su mundo se desmorona a su alrededor. Aunque las actuaciones son en su mayoría efectivas, algunos espectadores han señalado que ciertas escenas podrían haberse manejado con mayor intensidad, ya que en algunos momentos el drama parece diluirse.

El ritmo de la película es algo más lento de lo que muchos podrían esperar. La trama se va desarrollando con calma, lo que permite que la tensión se acumule gradualmente. Sin embargo, este ritmo ha dividido a la audiencia, ya que algunos lo consideran una forma efectiva de construir el suspenso, mientras que otros sienten que las escenas se alargan innecesariamente, lo que puede resultar frustrante para quienes buscan una narrativa más directa o con más acción.
Uno de los aspectos que más ha generado debate es el desenlace de la historia. Mientras que algunos espectadores lo ven como una conclusión adecuada que cierra la trama de manera intrigante, otros opinan que la resolución deja demasiadas preguntas sin responder, lo que puede generar una sensación de insatisfacción. La película juega con la ambigüedad y deja a la audiencia con una sensación de incertidumbre, lo cual puede ser tanto un acierto como un inconveniente, dependiendo de las expectativas del espectador.

Visualmente, “Presencia” se destaca por sus imágenes oscuras y su estilo minimalista. Las tomas sombrías, los interiores poco iluminados y la música inquietante contribuyen a crear una atmósfera densa y angustiante. Aunque no se basa en efectos especiales espectaculares, la película logra mantener al público cautivo gracias a la atmósfera creada por estos elementos. La sensación de que algo acecha en cada rincón de la casa está presente en cada escena, lo que eleva la tensión en cada momento.
En cuanto a los aspectos psicológicos del horror, “Presencia” hace un excelente trabajo al explorar cómo los miedos internos pueden afectar las relaciones humanas y distorsionar la percepción de la realidad. La película se centra menos en lo paranormal como tal y más en cómo las emociones y los temores pueden desmoronar la estabilidad mental y emocional de las personas, especialmente cuando se sienten atrapadas en un ambiente extraño y amenazante.

En resumen, “Presencia” es una película que se basa en la creación de una atmósfera inquietante y en una narrativa que juega con la mente del espectador. Su enfoque no está en los sustos fáciles, sino en la construcción de una tensión que va en aumento con el paso del tiempo. Aunque su ritmo pausado y el final ambiguo pueden no ser del gusto de todos, la película ofrece una experiencia que invita a reflexionar y a interpretar lo que está sucediendo. Para algunos, puede ser una joya del género, mientras que para otros puede dejar más preguntas que respuestas, pero sin duda, es una propuesta que no deja indiferente a quien la ve.