Sugar Island | Reseña

Sugar Island: cuando la dulzura esconde una historia amarga.

Amigos de Silvergeek hoy les tengo una cinta con causa,con esas historias que conmueven he incomodan,tuve mucho que procesar pero les dejo a continuación detalle de la cinta que podría ser su próxima visita a cines.

Hay historias que necesitan ser contadas no porque sean sencillas de mirar, sino precisamente porque obligan a observar aquello que durante demasiado tiempo ha permanecido en los márgenes. Sugar Island, dirigida por la dominicana Johanné Gómez Terrero, es una de esas películas. Aunque su recorrido comenzó en 2024, este 27 de agosto finalmente llega a las salas de México de la mano de Mandarina Cine, acercando al público una propuesta cinematográfica tan visual como incómoda.

La película nos presenta a Makenya, una adolescente que vive junto a su madre y su abuelo en un batey dominicano vinculado a la industria de la caña de azúcar. Su vida comienza a cambiar cuando enfrenta un embarazo no deseado, mientras a su alrededor también se hace evidente la situación de una comunidad que lleva generaciones ligada al trabajo de los ingenios. Lo que podría parecer únicamente una historia de crecimiento y madurez pronto se transforma en una mirada mucho más amplia hacia la desigualdad, el racismo, la explotación laboral y la memoria histórica.

Uno de los mayores aciertos de Sugar Island está en que no se limita a explicar sus problemáticas: busca hacerlas sentir. Gómez Terrero construye una película cargada de simbolismos, contrastes y una identidad visual muy particular. Los colores, la fotografía y los espacios tienen un peso narrativo propio, creando una atmósfera que puede ser al mismo tiempo hermosa, cálida e inquietante. La fotografía de Alván Prado, reconocida en el Festival de Málaga, contribuye especialmente a esta personalidad visual.

También resulta interesante la manera en que la cinta conecta el presente con el pasado. La historia de Makenya no existe de manera aislada: está atravesada por una herencia colonial y por las consecuencias que el sistema de plantaciones dejó en las comunidades afrodescendientes del Caribe. La película incluso incorpora una dimensión espiritual y elementos que dialogan con la memoria y las tradiciones afrodominicanas, ampliando la historia personal de su protagonista hacia algo colectivo.

Y quizá ahí se encuentra el significado más potente de su título. Una “isla de azúcar” podría evocar algo dulce, luminoso y paradisíaco; sin embargo, la película utiliza esa idea para mostrarnos una realidad mucho menos amable. Detrás de aquello que produce riqueza existen personas, generaciones de trabajadores y comunidades que han cargado con las consecuencias de un sistema que difícilmente puede considerarse dulce.

Sugar Island no es una película que busque ofrecer respuestas fáciles. Es cine social, pero también es una obra de identidad, memoria y resistencia. Su ritmo y su lenguaje visual pueden requerir cierta paciencia de quienes están acostumbrados a narrativas más convencionales, pero precisamente ahí reside parte de su valor: invita a mirar, interpretar y cuestionar.

Para quienes buscan descubrir propuestas latinoamericanas diferentes y películas que utilizan el cine como una herramienta para hablar de realidades que siguen presentes, Sugar Island representa una oportunidad que vale la pena aprovechar.

Desde el 27 de agosto, Sugar Island (La isla de azúcar) llega a México. Una película que demuestra que, detrás de lo que parece dulce, también puede existir una historia que necesita ser escuchada.

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