Defendiendo al cavernícola | Teatro

Defendiendo al cavernícola: 25 años intentando entender al otro sexo

Hay relaciones que duran toda la vida y obras de teatro que parecen decididas a acompañarlas. Defendiendo al cavernícola cumple 25 años en México y, con César Bono al frente, demuestra que las diferencias entre hombres y mujeres siguen dando material para reírse, discutir y, de vez en cuando, reconocer que quizá no somos tan distintos como nos gusta pensar.

El 11 de octubre de 2001, César Bono comenzó esta aventura teatral en México con el monólogo escrito por Rob Becker. Veinticinco años después, el actor no solo celebra un cuarto de siglo con el personaje: también ha alcanzado la cifra de 5,300 representaciones, una marca que habla de la permanencia de una propuesta teatral que depende, esencialmente, de una persona, un texto y la complicidad del público.

La celebración por este aniversario tuvo lugar el lunes 12 de octubre en el Nuevo Teatro Libanés. Para acompañar la función conmemorativa, Susana Moscatel y Héctor Suárez Gomís fueron los padrinos de la celebración, compartiendo con César Bono este momento especial en la trayectoria del montaje.

Y aunque 25 años pueden parecer suficientes para entender las relaciones humanas, basta escuchar una conversación de pareja para descubrir que seguimos en plena Edad de Piedra.

El cavernícola que todos llevamos dentro

La premisa es sencilla: hombres y mujeres parecen venir con manuales distintos, y ninguno incluye las instrucciones del otro. A partir de esa idea, el monólogo recorre las diferencias de comunicación, las expectativas de pareja y esos pequeños conflictos cotidianos que pueden convertir una conversación sobre algo tan simple como qué cenar en una negociación diplomática.

La comedia encuentra su fuerza en situaciones reconocibles. No hace falta haber vivido una relación de décadas para identificar una discusión que empezó por una cosa y terminó revelando otras diez. Tampoco hace falta estar casado para saber que escuchar y oír son dos actividades muy diferentes.

El humor está en exagerar esos comportamientos hasta que el público se reconoce en ellos. A veces uno se ríe de la pareja; otras, de sí mismo. Y las mejores carcajadas llegan cuando dejamos de pensar que el cavernícola es el de la butaca de al lado.

Claro que hay una diferencia importante entre reconocer un comportamiento y justificarlo. Los roles tradicionales que plantea la obra —el hombre proveedor y la mujer administradora— pertenecen a una forma de entender las relaciones que ha cambiado considerablemente en estos 25 años. Por eso, verla hoy también invita a preguntarnos cuánto de aquellos estereotipos sigue vigente y cuánto hemos dejado atrás.

Los padrinos de un aniversario especial

En el teatro, las celebraciones conmemorativas son una oportunidad para reconocer el trabajo, la constancia y la respuesta del público. En esta ocasión, Susana Moscatel y Héctor Suárez Gomís acompañaron a César Bono como padrinos de los 25 años de Defendiendo al cavernícola.

Su presencia formó parte de una celebración que pone en perspectiva lo que significa sostener un espectáculo durante tanto tiempo. No se trata únicamente de mantener una obra en cartelera: implica volver a encontrarse con públicos distintos, conservar la energía de una interpretación y conseguir que un texto siga provocando risas a pesar de los cambios sociales y culturales.

Porque una cosa es estrenar una obra y otra muy distinta es mantenerla vigente durante un cuarto de siglo.

Una sola persona, miles de conversaciones

Un monólogo tiene una dificultad particular: no hay otro actor que pueda recoger una escena, cambiar el ritmo o resolver un momento de silencio. Todo depende de la presencia, el tiempo cómico y la capacidad de mantener al público dentro de la historia.

La trayectoria de César Bono con este personaje es parte fundamental del fenómeno. Su permanencia no se explica solamente por la popularidad del texto, sino por la relación que ha construido con una audiencia que sigue encontrando motivos para volver.

Hay un dato que ayuda a dimensionar el reto: el autor Rob Becker interpretó su propia obra durante aproximadamente 12 años y medio. En México, la versión protagonizada por Bono ha superado ese periodo y ha acumulado miles de representaciones.

Veinticinco años no son poca cosa. En ese tiempo han cambiado las formas de ligar, las conversaciones sobre igualdad, las dinámicas familiares y hasta la manera de discutir una relación en redes sociales. Sin embargo, seguimos tropezando con problemas bastante parecidos: no decir lo que sentimos, esperar que la otra persona adivine lo que queremos y creer que nuestra forma de ver el mundo es la única razonable.

Tal vez por eso el cavernícola sigue encontrando público. No porque tenga todas las respuestas, sino porque sus equivocaciones nos resultan familiares.

El reto de reírse de nosotros mismos

Una obra que permanece tanto tiempo en cartelera también se enfrenta a una pregunta inevitable: ¿sigue diciendo algo relevante o simplemente nos sabemos los chistes?

La respuesta puede estar en la mirada de cada espectador. Parte del material se sostiene en generalizaciones sobre hombres y mujeres que hoy merecen discutirse con mayor cuidado. Pero la comedia también puede funcionar como punto de partida para reconocer prejuicios, cuestionar hábitos y descubrir que las diferencias no tienen por qué convertirse en una batalla por ver quién tiene la razón.

El riesgo aparece cuando tomamos la caricatura como una explicación definitiva de cómo somos. La oportunidad, en cambio, está en reírnos de ella y salir del teatro con un poco más de disposición para escuchar al otro.

Porque, si algo necesita una relación para sobrevivir, no es que uno de los dos gane la discusión. Es que ambos quieran seguir conversando después de ella.

Y ahora, unas palabras más de las necesarias

Se dice que los hombres no utilizan más de 2,000 palabras al día, aunque esa cifra no debe tomarse como una regla científica universal. Si el cavernícola pudiera demostrarlo, seguramente aprovecharía el dato para explicar por qué no contestó cuando le preguntaron cómo estuvo su día.

Pero aquí hay una ventaja: como esto es texto y no una conversación de pareja, me permito excederme de esas 2,000 palabras. Después de todo, veinticinco años de cavernícolas, relaciones y carcajadas merecen algo más que un «estuvo buena».

Además, si el problema de los hombres es que hablan poco y el de las mujeres es que hablan mucho —según el estereotipo que la obra pone sobre la mesa—, quizá la solución no sea contar palabras, sino prestar atención a lo que se dice y, especialmente, a lo que se intenta comunicar.

Aunque, pensándolo bien, tal vez el verdadero mérito de Defendiendo al cavernícola sea conseguir que hablemos de esto después de salir del teatro.

Veinticinco años después

Celebrar el aniversario de Defendiendo al cavernícola es reconocer la trayectoria de un espectáculo que ha encontrado un lugar duradero en la cartelera mexicana y de un actor que ha convertido al personaje en una parte esencial de su carrera.

También es una oportunidad para mirar las relaciones desde otra perspectiva. Podemos disfrutar el humor, reconocer los estereotipos y preguntarnos qué tanto hemos cambiado sin necesidad de convertir cada chiste en un juicio ni cada diferencia en una guerra de sexos.

Quizá nunca terminemos de entender por completo a nuestra pareja, a nuestros amigos o a quienes ven el mundo de una manera distinta. Pero podemos aprender a preguntar antes de asumir, escuchar antes de responder y reírnos un poco de nuestras propias contradicciones.

Y si después de 25 años el cavernícola sigue invitándonos a conversar, habrá que concederle algo: tal vez no tenga todas las respuestas, pero al menos ha conseguido mantener abierta la conversación.

Escrita por: SsenkradPoe

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