
El nuevo universo de DC sigue creciendo y esta vez es el turno de la última hija de Krypton. Supergirl llega a los cines con una historia que busca equilibrar la acción a lo grande con un viaje más personal en medio del espacio. Visualmente la película es una auténtica joya, con efectos especiales espectaculares, un diseño de paisajes alienígenas que te vuela la cabeza y una música que acompaña muy bien cada escena. Sin embargo, el resultado final nos deja un sabor agridulce porque el guion se queda corto y no la deja brillar todo lo que debería.

La trama es sumamente sencilla: resulta que envenenan a Krypto y Kara tiene que cruzar la galaxia entera para atrapar al culpable, quitarle el antídoto y salvar a su mejor amigo. No hay más que eso. Para ser una película de este tamaño, se siente que falta algo más fuerte, ya que esta aventura no tiene ninguna relevancia o impacto real para el resto del universo cinematográfico de DC. Además, dejar a Krypto solo como 10 minutos en toda la cinta fue un gran error de la producción, porque es un personaje que te gana el corazón desde el primer segundo y todos nos quedamos con ganas de ver mucho más del superperro.

A pesar de que la historia es muy simple y por momentos se siente un poco aburrida, la película se mantiene a flote gracias a Milly Alcock. Desde el primer minuto en pantalla te crees por completo que nació para ser Supergirl; tiene toda la actitud y la fuerza necesarias para el papel. Es una lástima que el guion no la haya ayudado en esta ocasión, pero de verdad espero ver muchísimo más de ella en los próximos proyectos de la franquicia. En su viaje la acompaña una niña que por momentos puede parecer un poco fastidiosa, pero siendo sinceros, creo que ese era justo el punto de la película y su forma de ser es lo que empuja a Kara a actuar.

El gran problema que frena el ritmo de la cinta es que muy seguido cortan la acción de lleno. Esos frenones tan repentinos rompen toda la adrenalina justo cuando la cosa se pone buena. Menos mal que contamos con el Lobo de Jason Momoa, que es sin duda de lo mejor de la película. Su sentido del humor es genial, le da un toque divertidísimo a la historia y cada vez que aparece en pantalla hace que todo el viaje sea mucho más ligero y entretenido de ver.

Al final, Supergirl es una película entretenida a secas. Destaca muchísimo en su parte técnica y tiene un elenco que derrocha carisma, especialmente una Milly Alcock que se echa el proyecto al hombro. Aunque los cortes en la acción y una trama tan simple no la dejan volar tan alto como queríamos, vale la pena darle una oportunidad en el cine y nos deja con toda la esperanza de ver más de esta heroína en el futuro.






