
Hay juegos que disfrutas mientras duran. Y hay juegos que, cuando terminas, te dejan pensando en todo lo que viviste antes. Resident Evil Requiem pertenece a ese segundo grupo.
No es una entrega que llegue a romper todo lo anterior. Llega a conectar, a tomar casi 30 años de historia y decir: esto es lo que quedó después de todo.
Para entender el peso real de este juego hay que recordar dónde empezó todo. Desde los experimentos que vimos en Resident Evil 0, pasando por el desastre en la Mansión Spencer en Resident Evil, hasta el colapso total de Raccoon City en Resident Evil 2 y Resident Evil 3: Nemesis. Ese fue el punto de quiebre.
Después, la amenaza dejó de ser un accidente aislado y se convirtió en algo global, como vimos claramente en Resident Evil 6. El bioterrorismo ya no era secreto, era parte del mundo.
Resident Evil Requiem parte de esa consecuencia. No estamos ante “otro brote más”. Estamos ante el desgaste. Ante personajes que han sobrevivido demasiado tiempo. Ante la idea de que los errores del pasado no desaparecen, solo cambian de forma.
Hay que tener claro que apesar de que los juegos clasicos son increibles e incluso algunos mejores que las nuevas versiones, aqui nos confirman que el canon oficial es la historia de los ultimos juegos, es decir los remakes son los canonicos.
La historia no corre. Se toma su tiempo. Te deja explorar, leer documentos, escuchar conversaciones que no solo explican qué está pasando, sino cómo se sienten los personajes al respecto. Y eso le da un peso distinto. Aquí el virus no es solo biológico. Es humano. Es ambición. Es poder mal manejado.
Leon ya no es el novato que llegó tarde a su primer día en la policía. Tampoco es el agente confiado de Resident Evil 4. Aquí lo sentimos más cansado, más reflexivo. Se nota que carga con todo lo que vivió desde Raccoon City. Sus decisiones no son impulsivas; son calculadas. Y en muchos momentos, su silencio dice más que cualquier diálogo.
Grace, por su parte, representa algo diferente. No es solo “la nueva”. Es parte de una generación que creció sabiendo que el mundo no es seguro. Que el bioterrorismo no es un rumor. Tiene miedo, duda, cuestiona, y eso la hace real. La relación entre ambos no es cliché; es un choque natural entre experiencia y una visión más fresca del mundo.
Y esa dinámica sostiene buena parte del corazón del juego.

Terror clásico con evolución moderna
Si algo hace muy bien Requiem es combinar lo mejor de dos momentos clave de la saga.
Por un lado, toma el terror íntimo y opresivo de Resident Evil 7: Biohazard. Espacios cerrados, recursos limitados, esa sensación constante de vulnerabilidad. Hay segmentos donde simplemente avanzar por un pasillo oscuro ya genera tensión real.
Por otro lado, hereda la fluidez y el ritmo de combate que hizo legendario a Resident Evil 4. Aquí el combate es dinámico, pero medido. No es acción exagerada sin sentido. Cada enfrentamiento importa. Cada bala cuenta.
La dificultad está bien balanceada. En modo normal ya exige atención. En dificultad alta, cada error pesa. No puedes disparar sin pensar. El inventario vuelve a ser importante. Decidir si enfrentas o evitas a un enemigo realmente cambia la experiencia.
Y algo muy importante: el juego no abusa de la cantidad de enemigos, sino del momento. Un solo enemigo bien colocado puede generar más tensión que cinco en pantalla. Esa es la esencia del survival horror.
Visualmente, el juego apuesta por atmósfera más que por espectáculo. Hay escenarios que mezclan arquitectura clásica deteriorada con instalaciones científicas abandonadas. La iluminación juega muchísimo: zonas casi oscuras donde dependes de la linterna y otras con luces frías que hacen que todo se sienta clínico y distante.
No es solo que se vea bien. Es que todo tiene coherencia con la historia que está contando.

Una experiencia que conecta generaciones
Si llevas años jugando Resident Evil, este juego es una experiencia increíble. Cada referencia, cada eco del pasado, cada detalle que recuerda a Raccoon City tiene un peso emocional distinto. Sientes que todo lo que jugaste antes importa. Que nada fue en vano.
Pero lo interesante es que no se queda solo para los veteranos.
Si alguien nunca ha jugado la saga, Requiem también funciona. La historia se sostiene por sí sola. Explica lo necesario sin saturar. Tiene un ritmo claro, personajes sólidos y un equilibrio entre acción y tensión que engancha incluso sin conocer todo el pasado.
Tal vez un jugador nuevo no sienta el mismo impacto al escuchar ciertas referencias, pero la experiencia sigue siendo fuerte. Y eso habla bien del diseño.
Resident Evil Requiem no intenta reiniciar todo ni romper con su legado. Lo que hace es unirlo. Toma el terror íntimo de Resident Evil 7, la presencia de combate que consolidó Resident Evil 4, el trauma fundacional de los juegos del 0 al 3 y la escala global que mostró Resident Evil 6, y los integra con coherencia.
No es el más ruidoso.
No es el más exagerado.
Es el más consciente.
Y cuando una saga logra evolucionar sin perder su identidad, sabes que está haciendo algo bien.
Resident Evil no solo sigue vivo.
Sigue teniendo algo que decir.
🧟 30 años de Resident Evil: el legado continúa
Resident Evil Requiem no solo es una nueva entrega. Es parte de una historia que comenzó hace casi tres décadas y que redefinió el survival horror para siempre.
En Silver Geek estamos celebrando los 30 años de Resident Evil con especiales, retrospectivas y análisis completos de cada etapa de la franquicia.
Porque entender Resident Evil Requiem también es entender todo lo que vino antes.






