Good Boy | Reseña

Escrita por: Aj Navarro

Normalmente, el cine de terror lidia con el miedo que uno tiene para sobrevivir cualquier tipo de evento sobrenatural o escabroso. Las “final girls” buscamos siempre vencer al máximo matón en el slasher, los poseídos buscan vencer a los demonios, suyos y ajenos, tratando de salir airosos, entre muchos otros ejemplos donde el ser humano confronta al mal y su percepción del mismo. Pero ¿qué pasa cuando tu mascota es capaz de percibir esas amenazas alrededor de uno que, a veces, no logramos ver o sentir?

Good Boy: Confía en su Instinto explora esa posibilidad desde el punto de vista de Indy, el perro fiel de Todd (Shane Jensen), algo que ha sido recurrente últimamente en el terror al ofrecer historias desde el punto de vista de sus otros protagonistas como lo fue De Naturaleza Violenta (Nash, 2024), donde la experiencia del slasher se percibe a través de la óptica del asesino, o Presencia (Soderbergh, 2024), que contaba una historia de fantasmas desde la mirada del espectro que habitaba la casa, o la muy experimental Skinamarink (Ball, 2022), que jugaba con la percepción de un encierro desde la forma de las peores pesadillas de un par de niños.

Aquí, es el encantador retriever, mascota personal del director Ben Leonberg, quien es la guía de este interesante relato que saca jugo de la sencillez del mismo. Y es que Good Boy: Confía en su Instinto depende claramente del tropo de la casa embrujada, una que aquí forma parte de la herencia de la familia de Todd, su dueño, y en la que murió su abuelo por una crisis médica. El retiro hacia este lugar es provocado por un desafortunado evento en el que Indy y su dueño buscan un poco de paz para cambiar el panorama.

Leonberg juega bien con los elementos para crear la atmósfera necesaria de suspenso alrededor de Indy. Desde el uso de cintas grabadas por el abuelo de Todd vistas por pedazos que funcionan como pistas para lo tenebroso del lugar hasta el manejo de la oscuridad y las sombras, mismas en las que se manejan ciertos detalles, incluso a plena luz del día, que solamente son percibidos por el adorable retriever. Sumado a ello está la cuestión del comportamiento de su dueño, que poco a poco cae en una espiral alarmante donde el lazo entre el mejor amigo del hombre llega a las últimas consecuencias.

Asimismo, Good Boy: Confía en su Instinto saca provecho justamente de la palabra que acompaña el título, pues es el instinto y los hábitos naturales de Indy lo que ayuda a provocar que se construyan una tensión funcional en los clichés. Aquí, el perro actúa por instinto, no racionalidad. La imposibilidad de hacer algo más allá de percibir las sombras o la exploración de lugares escabrosos sin poder decir nada es prácticamente el motor que sostiene a la cinta. Sin embargo, a pesar de su corta duración, la repetición de estos instantes de susto puede resultar repetitiva afectando ligeramente el ritmo del relato.

La dirección de Leonberg también resulta destacada, pues sin necesidad de trucos digitales logra meternos en el punto de vista de Indy, que funciona como nuestros ojos y oídos durante todo el relato y que, en efecto, provoca sensaciones con una expresividad que sorprende. Resulta llamativo ver al pequeño perro tener pesadillas, mostrar confusión, enojo y hasta miedo por lo que está sucediendo a su alrededor sin poder comprenderlo del todo. Pero eso no evita que su fidelidad se rompa, él está siempre a su lado e, incluso, puede ser que por motivos diferentes a los esqueletos escondidos en la misteriosa casa.

Otro gran acierto de este filme recae en que realmente nunca vemos las caras de los humanos, específicamente de Todd y otros, lo cual añade un aura muy interesante a la que Leonberg le saca provecho. Con ello, pareciera que Indy no distingue las sombras de su dueño u otras personas por momentos. La incertidumbre es manejada de forma correcta y ayuda a desarrollar un simbolismo interesante acerca de las sombras que va ligado al tema de la muerte, mismo que se menciona previamente en la cinta como recordatorio de que, a veces, los perros ven (o huelen), cosas como enfermedades. 

La fotografía, a cargo del mismo Leonberg, es otro punto firme. El uso de la oscuridad y el juego que suele hacer con pequeñas luces, lámparas y recursos secundarios de luz que ayudan a que las ilusiones de las sombras amenazantes hagan dudar al espectador tanto como a Indy. Ni qué decir de la edición, que también ayuda a la construcción de esos instantes, mostrando que no es necesario explotar los jump scares y el susto facilón cuando se tiene un buen uso delas técnicas y lenguaje cinematográfico. 

Y no podemos olvidar a Indy, que realmente muestra una mezcla de ambigüedad donde uno puede proyectar sus propias sensaciones y funciona bien. Además, el diseño de lo sobrenatural que amenaza al canino y su dueño también resulta bastante tétrico. Es así que Good Boy: Confía en su Instinto resulta un efectivo relato de horror y suspenso con un centro emocional clave en Indy, sacando provecho de esa conexión inherente entre los perros y sus dueños al meterlos en un mundo donde la fidelidad y el miedo son palpables y eficientes con todo y sus imperfecciones. 

Amar es compartir (:

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