
Escrita por Axel D. Rodea
¡Teatreros y teatreras que habitan el universo Silvergeek!
Y a todos los que van llegando… ¡vengan acá!
El pasado 16 de enero del presentísimo año nos dimos cita en el Foro Lucerna, gracias a la invitación de IQ, para presenciar el estreno de La visita del ángel, obra del dramaturgo Vicente Leñero (1933–2014). Y ¡ajúa! Porque sin hablar tanto, dice mucho.
¡Arrancamos!
Esta puesta en escena está protagonizada por Juan Carlos Colombo, Silvia Mariscal y Jesusa Ochoa Leñero, bajo la dirección de Benjamín Cann y Miguel Santa Rita.
Como en todo… pongámonos en contexto
Un matrimonio otoñal, apacible y aparentemente feliz —aunque ya un poco enmohecido por la rutina— recibe la visita de su nieta: una joven pícara e hiperactiva que irrumpe como un ventarrón en la paz casi sepulcral de sus abuelos.

Y antes de seguir, aclaremos algo: si eres teatrófilo o teatrófila que busca un espectáculo cargado de luces, grandes artificios o fuegos artificiales escénicos… esto no es para ti. Esta obra se abre paso por sí sola y como salí diciendo al terminar la función: el silencio también sabe gritar.
¿Y cómo que el silencio?
Pues sí, mis queridos lectores: esta obra grita nostalgia a través de su escenografía.
La casa de los abuelos se convierte en un personaje más: esa puerta vieja, ese refrigerador antiguo que lo tiene todo adentro, los cajones que ya no cierran bien, las sillas forradas de lona, rotas por el tiempo, el banquito clásico de madera, la mesa llena de medicamentos, cassets, el piso medio sucio, no por descuido, sino porque con la edad ya no se puede como antes y ese olor a sopa que te recibe apenas cruzas la puerta. Eso es La visita del ángel: Un recuerdo vivo. Una casa que habla. Un silencio que pesa… y que dice todo. Debo confesar que me conmovió, y no poquito. Me atravesó.

Perdónenme, pero por primera vez me voy a permitir ser sentimental. Porque esta obra no solo se vio… se sintió.
Debo confesar que me conmovió, y no poquito. Me atravesó.
Yo fui ese nieto que la obra retrata. Viví esa rutina: las historias que se repetían, los chismes que ya me sabía de memoria, las preguntas de siempre dichas como si fueran nuevas.
Fui ese nieto que alentaba cuando los veía débiles, que les gritaba porras cuando lograban ponerse de pie, porque en mi lógica infantil eso significaba esperanza:“Si puedes caminar, no tienes nada”.
Llegaba a su casa con mis ocurrencias, con mis locuras, con mis silencios también, y ahí estaba la sopita caliente esperando. Me sentaba junto a ellos dos: no juzgaban, no corregían, no reprochaban, solo escuchaban… como si el tiempo no importara.
En ese espacio diminuto, entre una casa vieja y un silencio lleno de recuerdos, yo me sentía invencible. Porque los abuelos hacen eso: te sostienen sin tocarte, te entienden sin preguntas, te protegen sin prometer nada.

Esta obra me recordó que hubo un lugar donde todo estaba bien. Y que, aunque ya no esté, ese lugar sigue existiendo cada vez que el silencio vuelve a oler a sopa.
La visita del ángel inició temporada el 16 de enero y tendrá funciones hasta el 1 de marzo, presentándose viernes, sábado y domingo en el Foro Lucerna. Los boletos pueden adquirirse a través de Ticketmaster o directamente en taquilla.
Ahora que ya sabes cuándo y dónde, solo queda una pregunta: ¿estás dispuesto a dejarte conmover…por una historia que sucede en escena y resuena muy dentro de ti?
Recuerda soy tu fiel amigo corresponsal, Axel Rodea, hasta la próxima







