
La Alacena es una puesta en escena que consigue transformar el universo pictórico de María Izquierdo en una experiencia teatral profundamente sensorial y conmovedora. Desde el primer instante, el montaje sumerge al espectador en un espacio lleno de claroscuros, símbolos y texturas que evocan la intensidad emocional de una artista que vivió en una época donde ser mujer y poseer una voz propia significaba enfrentarse constantemente al rechazo y la invisibilización.

La dramaturgia y dirección de Tanya Huntington construyen un relato visceral que no solo retrata a la pintora desde lo biográfico, sino también desde lo emocional y humano. La obra logra transmitir la soledad, la rabia, la pasión y la necesidad de expresión de María Izquierdo, convirtiendo cada escena en una extensión de su imaginario artístico. Más que observar su historia, el espectador termina habitando sus emociones.
Uno de los aspectos más poderosos de La Alacena es la manera en que el teatro dialoga con la pintura. Hay momentos donde las imágenes escénicas parecen cuadros vivos, cargados de simbolismo y sensibilidad. La interpretación de Adriana Moles aporta una presencia profundamente vulnerable y poderosa al mismo tiempo, mientras que Pepe Malabartínez complementa el montaje con una energía que transita entre lo poético y lo inquietante. Ambos logran construir una atmósfera casi surrealista, donde la realidad y la memoria se mezclan constantemente.

La iluminación diseñada por Esteban Castellanos y Alma Curiel se convierte en un personaje más dentro de la obra, utilizando sombras y contrastes para reforzar la sensación de encierro emocional y fragilidad humana. A esto se suma el trabajo de utilería de Lü Yiurama y Lü Robinson, que dota al escenario de una identidad visual rica en detalles y significados. El diseño sonoro de Tania Negrete, Miguel Hernández y Adolfo Cortés termina de envolver la experiencia con una composición auditiva que intensifica cada emoción y cada silencio.
La Alacena no solo honra el legado artístico de María Izquierdo, sino también la lucha de todas aquellas mujeres que tuvieron que resistir en espacios donde el talento femenino era constantemente cuestionado. Es una obra íntima, dolorosa y profundamente humana, que demuestra cómo el arte puede convertirse en memoria, resistencia y reconstrucción emocional.
Escrita por: Hilda Margarita Puga Espinosa





