
Sony Pictures Animation vuelve a la carga con GOAT: La cabra que cambió el juego, bajo la dirección de Tyree Dillihay. Más que una simple película de deportes, nos encontramos ante una fábula contemporánea que utiliza el «rugibol» como escenario para hablarnos de la resiliencia y el valor de romper estereotipos en una sociedad obsesionada con las apariencias.

El sueño de Will: Desafiando a los gigantes
La trama nos presenta a Will, una cabra de complexión pequeña cuyo corazón late por el rugibol profesional. Su oportunidad llega cuando se integra al equipo más prestigioso de la liga, enfrentándose no solo a la intensidad física del deporte, sino al escepticismo de sus compañeros.
La narrativa es directa y accesible, apostando por una estructura clásica de superación personal. Aunque es un camino conocido en el cine familiar, la película lo ejecuta con honestidad, entrelazando momentos emotivos como los recuerdos de Will con su madre que le dan peso emocional a su ambición deportiva.

Un despliegue visual de alto voltaje
Lo que realmente roba el aliento es su estética visual. Siguiendo la estela de innovación de Spider-Man: Across the Spider-Verse, la cinta presume:
- Animación hiper-expresiva: Movimientos fluidos y caricaturescos que potencian la comedia.
- Coreografías de impacto: Las secuencias de rugibol están diseñadas como un espectáculo de acción, logrando transmitir una energía eléctrica al espectador.
- Diseño de personajes: Un elenco animal diverso donde cada especie aporta una dinámica física única, aunque en ocasiones la cantidad de personajes secundarios sature ligeramente la pantalla.

Identidad latina en cada frase
Un punto clave para nuestra región es su doblaje al español latino. Con un reparto estelar que incluye a Emmanuel Bernal, Bárbara de Regil, Faisy y Erika Buenfil, la película se siente increíblemente cercana. La adaptación no se limita a traducir, sino que incorpora modismos, referencias culturales y humor actual que garantizan risas tanto en niños como en adultos.

Conclusión
GOAT es un recordatorio vibrante de que el talento no se mide en centímetros. Es una pieza técnica impecable que consolida a Sony como un referente de la animación moderna, entregando una historia que, aunque sencilla, conecta con cualquiera que alguna vez se haya sentido pequeño frente a un gran desafío.






