
El fin de las primeras veces llegará próximamente a funciones en las salas de Cineteca Nacional de Churubusco, Chapultepec y Coyoacán. Y es precisamente una de esas películas que provocan conversación desde el primer momento: ¿realmente estamos preparados para ver este tipo de historias proyectadas en pantalla? ¿O simplemente es momento de dejar atrás los tabúes y comenzar a hablar abiertamente sobre la sexualidad, el deseo y las emociones que acompañan el descubrimiento personal?
Con una duración de 1 hora y 16 minutos, la película sigue la historia de Eduardo, un joven de 18 años originario de Jalisco que viaja a Guadalajara para presentar su examen de ingreso a la universidad. Sin embargo, lo que parecía un viaje académico termina convirtiéndose en una experiencia de autodescubrimiento marcada por el deseo, la libertad y el despertar emocional.

La cinta retrata de manera íntima esa transición entre la adolescencia y la adultez: una etapa donde la sexualidad se percibe misteriosa, tentadora, emocionante e incluso prohibida. El filme conecta fácilmente con quienes alguna vez experimentaron sus “primeras veces” desde la curiosidad, la inexperiencia y la intensidad emocional que implica descubrir el amor, el deseo y el propio cuerpo.
Eduardo representa claramente a un joven criado bajo la sobreprotección y las exigencias familiares. Al llegar a Guadalajara conoce a Marcos, otro estudiante con quien rápidamente desarrolla una conexión intensa y pasional. Entre fiestas, tatuajes, alcohol y encuentros sexuales, Eduardo comienza a salir de la burbuja en la que había vivido toda su vida.

Uno de los aspectos más interesantes del filme es cómo captura la esencia de la vida nocturna: los antros llenos de luces, maquillaje, lentejuelas, música, excesos y libertad. Un ambiente caótico pero seductor donde Eduardo siente, quizá por primera vez, que puede existir sin sentirse vigilado o juzgado. La película construye muy bien esa atmósfera de erotismo, deseo y desenfreno juvenil que muchas veces acompaña la búsqueda de identidad.
Sin embargo, conforme avanza la noche, el relato también muestra el lado más vacío y hostil de ese mismo ambiente. Después de una pelea en el antro, Eduardo y el grupo de Marcos son expulsados y la fiesta continúa en el departamento. Ahí, el protagonista termina enfrentándose al cansancio físico y emocional de intentar pertenecer a un mundo que apenas está descubriendo.

La película incluye escenas sexuales explícitas que funcionan no solo como provocación visual, sino también como parte del conflicto emocional del personaje. El sexo en El fin de las primeras veces no se presenta únicamente desde el placer, sino desde la confusión, la vulnerabilidad y la necesidad de sentirse querido o aceptado.
Hacia el final, Eduardo comprende que aquello que sintió con Marcos quizá solo formaba parte de una noche impulsiva. Entre la resaca, el desencanto y la decepción, decide regresar a casa, cerrando así una experiencia que marcó profundamente su paso hacia la adultez.

Más allá de lo erótico o provocador que pueda resultar para algunos espectadores, la película termina funcionando como un retrato honesto sobre el despertar sexual, la soledad emocional y las decisiones impulsivas que suelen acompañar las primeras experiencias de libertad. El fin de las primeras veces no busca romantizar el exceso, sino mostrar cómo, en ocasiones, crecer también significa perderse un poco antes de encontrarse a uno mismo.
Escrita por: Valeria Elizabeth Aguirre Sanchez






