
Escrita por: Valeria Elizabeth Aguirre Sanchez
Antes que nada, agradezco profundamente a OCESA y Silvergeek por la invitación a ser parte de un evento tan especial: el regreso de Daniel Sosa a los escenarios con su nuevo show de stand up, “Dilema”. Una presentación única donde el comediante retoma su esencia, abre su corazón y nos lleva por un recorrido humorístico lleno de crítica social, vivencias personales y reflexiones que mezclan comedia con sensibilidad.

Inicio de la experiencia
Llegamos puntuales al Auditorio Nacional y nos dirigimos al acceso exclusivo para prensa. Tras confirmar nuestros datos, nos entregaron nuestro press stick y los boletos con la sección y asiento asignado. En mi caso, me tocó Palco, Asiento 3, un lugar increíblemente cercano y con una vista privilegiada del escenario, lo que desde ese momento anticipaba una experiencia de 10/10.
Antes de entrar hicimos una breve parada en uno de los establecimientos de bebidas; yo pedí un mezcalito de mango (delicioso) para comenzar la noche con buen ánimo. Después, por la puerta 9, ingresamos con facilidad gracias a nuestra acreditación. El personal del Auditorio fue muy amable y me acompañó directamente hasta mi lugar.
Actos invitados
Al tomar asiento, ya estaba en escena el creador de contenido Iram Mendiola, quien abrió la noche con un stand up sobre relaciones amorosas, compatibilidad de signos y situaciones cotidianas que nos hicieron reír desde el primer minuto. Pude disfrutar alrededor de diez minutos de su presentación y fue el calentamiento perfecto.
Después llegó la participación de la comediante Sofía Niño de Rivera, telonera de la gira. Con su característico estilo directo y honesto, habló de revisiones médicas, anécdotas bochornosas y hasta salidas a table dances en Estados Unidos. Su set, de aproximadamente 20 a 30 minutos, se sintió rapidísimo de lo mucho que reímos.
La llegada de Daniel Sosa
Tras una breve dinámica presentada por integrantes del equipo (entre ellos Daniel e Iram disfrazados), de un momento a otro todo se transformó y Daniel apareció en el escenario ya con su outfit oficial, listo para comenzar “Dilema”.
Daniel inició interactuando con el público, especialmente con quienes estaban más cerca del escenario, retomando el hilo que Iram había dejado sobre los horóscopos. Posteriormente entró de lleno al concepto del show: mandar al carajo lo que no embona en la vida, desde jefes abusivos y ambientes laborales pasivo-agresivos, hasta creencias sociales, la crianza y las actitudes soberbias que muchos cargan debido a una mala educación emocional.
Una de las dinámicas más memorables fue cuando pidió a alguien del público que compartiera su peor historia con un jefe. Un asistente contó que su jefe era su propio tío, “Marco”, quien además era abusivo y tranza. Entre risas, todo el Auditorio participó para mandarlo “a chingar a su madre”, creando un momento de catarsis colectiva que se volvió un sello del show.

Viajes, pareja y anécdotas
Daniel continuó con historias sobre su vida en pareja: viajar con la persona que amas, la complicidad y los caos que pueden surgir. Contó anécdotas divertidísimas sobre Alexa, música equivocada con portadas de cumbias icónicas, y lo que eso genera en momentos serios dentro del consultorio de su novia, quien es psicóloga.
Relató también su viaje reciente a España durante el apagón masivo, cómo su novia socializaba con facilidad mientras él lidiaba con la incomodidad, y la odisea que vivieron con el departamento prestado por una amiga, el chofer del Uber cantando “El Rey”, y el oso monumental que pasó cuando en un momento vulnerable le abrieron la puerta del baño.
La narración continuó con experiencias en Italia y sitios históricos, donde guías turísticos explicaban hechos importantes mientras Daniel agregaba su humor característico. La parte más hilarante fue cuando contó su visita a Tierra Santa, imaginando al centurión responsable de custodiar la tumba de Jesús siendo regañado “por dejar escapar al muerto”.
El remate fue perfecto cuando Daniel repitió la frase:
“Así sí me vas a despedir… solo porque en teoría mi tío es mi jefe.”,
cerrando el círculo con la anécdota del asistente y provocando carcajadas y aplausos generalizados.
Un final lleno de corazón
Después de hora y media de comedia impecable, Daniel compartió un momento íntimo y conmovedor. Habló del duelo por la pérdida de su tía Elsa, a quien amaba profundamente y cuya partida lo había motivado a volver a la comedia y llenar el Auditorio Nacional por segunda vez en su carrera.
Explicó cómo el dolor puede transformarse en impulso, arte y homenaje. Nos pidió, antes de tomarse la foto del recuerdo, gritar todos juntos:
“¡Te amamos, Elsa!”
Un momento cargado de luz, nostalgia y unión que cerró con mucha sensibilidad la noche.
Con una ovación de pie, Daniel tomó su foto final, bajó el telón y concluyó una velada perfecta marcada por la ironía, el humor, el sarcasmo, las carcajadas, las lágrimas y una enorme dosis de humanidad.






