
Escrita por Axel D. Rodea
Na’virianos! ¡Os traigo noticias directas desde Pandora!
¡Ya se vio! Avatar: Fuego y Cenizas.
¡Ajale! Agradecimiento infinito a Disney por la invitación a la alfombra roja y la proyección especial de esta nueva odisea visual.
¿Y qué les digo? ¡Prendan motores y activen propulsores… let’s go!
AVATAR: FUEGO Y CENIZAS nos devuelve a Pandora en una experiencia nuevamente inmersiva, siguiendo al marine convertido en líder Na’vi, Jake Sully, a la feroz Neytiri y, por supuesto, a la siempre compleja familia Sully.
James Cameron vuelve a hacer lo que mejor sabe: seducirnos con un despliegue técnico descomunal. Los efectos especiales no solo se miran, se sienten. Pandora vuelve a ser un mundo vivo, palpable, casi respirable. Y sí, lo sabemos: la crítica fue dura con Avatar: El camino del agua, señalando que su mayor fortaleza eran los efectos especiales, más que la historia …—perdón, se le murió su chavo y ustedes diciendo que no era importante— y es por eso que no fue bien recibida por la crítica ¡Que criticones oigan!

Pero ojo aquí, porque Fuego y Cenizas hace justo lo que prometía su antecesor: amplía el universo. Conocemos una nueva tribu Na’vi, una que juega con el fuego, con una energía radicalmente distinta… y aviso de una vez: su líder se volvió oficialmente mi crush.
No habemus spoilers, porque sería muy injusto. Pero desde mi trinchera de fan, puedo decirlo sin rodeos: me emocionó. Me hizo esquivar golpes en la butaca, me llevó a la tristeza y, sobre todo, me dejó con esa pregunta incómoda flotando en la cabeza: ¿de verdad los humanos destruimos todo lo que tocamos? Así me quedé, pensando.

Ahora bien… porque tampoco vengo a romper ilusiones, pero sí a ser honesto. Hubo un punto en el que sentí que estaba viendo Tarzán. No lo digo como ataque gratuito, sino como observación crítica: se percibe esa vibra, esa estructura narrativa familiar, ese eco que inevitablemente remite al clásico. Pero bueno, ese es mi apunte desde el lado crítico, del chico de las reseñas ¡Oigan al chico! que no solo se deja deslumbrar por el fuego y las cenizas, sino que también cuestiona lo que arde detrás de la pantalla.
Pandora se vive, pandora se siente y sí… Pandora también se discute.

¡Advertencia! casi ceremonial como las anteriores —aunque no exenta de fastidio— esta nueva entrega se extiende por 3 horas y 17 minutos de épica que no concede tregua. A ello súmenle cerca de 20 minutos adicionales, si deciden someterse también a los cortos previos. Así que entren a la sala como quien emprende una travesía sagrada, sí, pero también resignada: con el espíritu dispuesto… y la vejiga en paz. Eviten el exceso de refresco o, en un acto de lucidez tardía, asuman la magnitud del ritual y vayan preparados. ¡Unos pañales mamá!
Recuerda: Avatar: Fuego y Cenizas estará disponible en cines a partir del 18 de diciembre, su fecha oficial de estreno y ya sabes que, como siempre, nos encantaría saber: ¿qué tal te pareció a ti este regreso a Pandora?







