
Asistí a la puesta en escena de Sandra y Julia (o lo que queda de ti) en el Teatro Shakespeare y puedo decir que fue una experiencia profundamente conmovedora. Desde los primeros minutos de la función me sentí cautivada por la propuesta artística de la obra. Las máscaras, la escenografía y el trabajo corporal de los actores crean una atmósfera de ternura, familiaridad y nostalgia que logra conectar emocionalmente con el público.
A pesar de ser la primera vez que presencio una obra de teatro muda, la experiencia superó por completo mis expectativas. En ningún momento sentí que la ausencia de diálogos limitara la comprensión de la historia; por el contrario, el lenguaje corporal, la música, las máscaras y la expresión escénica lograron transmitir emociones de una manera muy poderosa. Considero que esa es una de las grandes virtudes del teatro: la capacidad de hacernos sentir vivos y conectados con nuestras propias emociones de una forma que difícilmente pueden igualar la tecnología, la inteligencia artificial o el internet.

La historia gira en torno a Sandra, una joven que acaba de perder a su abuela Julia. Después del funeral, Sandra regresa a casa y descubre que su abuela le ha dejado una nota con diversas indicaciones. A partir de ese momento comienza un viaje emocional en el que Julia, desde una dimensión simbólica que podría interpretarse como el más allá o el mundo de los recuerdos, guía a su nieta a través de los momentos más importantes de su vida.
Durante este recorrido, Sandra conoce aspectos de la historia de su abuela que nunca había imaginado. Descubre cómo fue la infancia de Julia, los maltratos que sufrió, su primer amor y los sueños que tenía para construir una vida distinta. También presencia uno de los episodios más dolorosos de su existencia: cuando estaba a punto de casarse y escapar con el hombre que amaba, él fue asesinado durante una balacera, dejándola devastada emocionalmente. Tiempo después, Julia contrajo matrimonio con un hombre alcohólico y violento, situación que la llevó a vivir años marcados por el sufrimiento y la violencia intrafamiliar.
Uno de los momentos más impactantes de la historia ocurre cuando Julia pierde un bebé como consecuencia de las agresiones físicas ejercidas por su esposo. Esta escena resulta especialmente dolorosa y representa uno de los puntos más fuertes de la obra, ya que expone las consecuencias reales de la violencia familiar y cómo esta puede afectar profundamente la vida de las personas.

Paralelamente, la obra muestra los recuerdos más entrañables que Sandra compartió con su abuela durante la infancia. A través de distintas escenas, el público observa momentos cotidianos llenos de amor, como cuando jugaban póker juntas, bailaban en el comedor, veían novelas o cocinaban. Estos recuerdos aportan una gran carga emocional a la historia y permiten comprender la profunda conexión entre ambas.
Sin embargo, la revelación más importante ocurre cuando Sandra comienza a reconocer que su propia vida está repitiendo algunos de los patrones que marcaron la historia de Julia. Al encontrarse en una relación con una pareja controladora, violenta y con problemas de alcoholismo, comprende que está recorriendo un camino similar al de su abuela. Este descubrimiento la obliga a reflexionar sobre sus decisiones y a cuestionar si desea continuar perpetuando ese ciclo o convertirse en la persona que finalmente logre romperlo.
Los personajes que más llamaron mi atención fueron las distintas etapas de Julia a lo largo de su vida. Resulta admirable observar cómo la obra presenta a la misma mujer siendo niña, adolescente, adulta, madre y finalmente abuela. Cada una de estas versiones permite entender mejor su historia y las circunstancias que moldearon su personalidad. También me pareció especialmente entrañable la representación de Julia como abuelita, con sus pantuflas, su mandil y esos pequeños movimientos que transmiten tanta ternura y humanidad. Por supuesto, Sandra adulta también destaca por la sensibilidad con la que enfrenta el duelo y el descubrimiento de su propia historia familiar.

La escena que más me impactó fue aquella en la que Julia pierde a su bebé debido a la violencia ejercida por su esposo. Aunque mi experiencia personal no fue exactamente igual, me identifiqué con el sentimiento de pérdida que transmite la escena. Fue un momento que despertó recuerdos, nostalgia y emociones muy profundas. Considero que la obra tiene la capacidad de tocar fibras sensibles relacionadas con nuestras propias vivencias y con aquellas personas importantes que han formado parte de nuestra vida.
Al finalizar la función, salí del teatro conmovida y reflexionando sobre mis propios recuerdos familiares. La obra logra despertar el deseo de volver a abrazar a esas personas que marcaron nuestra infancia y que ya no están presentes. Hace recordar momentos, conversaciones, enseñanzas y afectos que permanecen vivos en nuestra memoria. Más que tristeza, la sensación que deja es una mezcla de nostalgia, amor y agradecimiento.
El mensaje principal que percibí en la obra está relacionado con la resiliencia, la memoria y la capacidad humana de transformar la propia historia. Nos recuerda que el pasado no tiene por qué definir nuestro futuro y que, aunque heredemos ciertos patrones familiares, siempre existe la posibilidad de cuestionarlos y construir una realidad diferente. También pone sobre la mesa temas importantes como la violencia familiar, el alcoholismo, las pérdidas gestacionales, el silencio que muchas veces rodea estos problemas y la importancia de buscar ayuda profesional cuando es necesario.

En conclusión, Sandra y Julia (o lo que queda de ti) es una obra profundamente humana que invita a reflexionar sobre la familia, la memoria, el duelo y los ciclos que se repiten entre generaciones. A través de una propuesta visual conmovedora y una narrativa sensible, logra transmitir un mensaje esperanzador sobre la posibilidad de sanar, romper patrones dañinos y construir un mejor legado para las futuras generaciones. Sin duda, fue una experiencia teatral que recordaré durante mucho tiempo.
Escrita por: Valeria Elizabeth Aguirre Sanchez





