
¡Minna-san, konnichiwa! Aquí está de nuevo su bandita silveriana, trayéndoles cine de festival, cine con nominaciones, cine con esa elegancia que uno juraría es de Francia… pero no, viene directo desde Japón.
Y sí, llegó tarde a cartelera, pero ya nos sabemos esa frase: “lo bueno siempre llega tarde”. Y en este caso, vaya que aplica.

Primero, toca hacer una reverencia a nuestros amigos de MadnessEntertainment por traernos esta joyita. Una cinta que incluso logró colarse en la conversación de los Premios Óscar con su nominación a Mejor Maquillaje —aunque, bueno, ya sabemos que esa categoría terminó en manos de Frankenstein.
Kokuho: El alma del Kabuki viene protagonizada por un elenco bastante sólido encabezado por Ryô Yoshizawa (Kingdom, 2019) y RyûseiYokohama (Your Eyes Tell, 2020), acompañados por figuras de gran peso como Ken Watanabe (Memorias de una geisha, 2005), Mitsuki Takahata (Toto Neechan, 2016) y la siempre imponente Shinobu Terajima(2 women, 2022).

Como todo lados mis silverianos, ya lo saben desde Silver geek city, hasta Japón, se siente, se come, se respira por el bunmyaku (contexto)
En el hermético y vibrante universo del Kabuki, la excelencia no se elige, se arrebata. Basada en la aclamada novela de Shuichi Yoshida, esta épica cinematográfica nos sumerge en la década de los sesenta para seguir el ascenso de dos figuras destinadas a chocar: Kikuo, el hijo de un jefe yakuza que busca redención a través del arte, y Shunsuke, el heredero legítimo de una de las dinastías más prestigiosas del teatro japonés.

Mientras Kikuo lucha por borrar su pasado criminal mediante una disciplina física casi inhumana para convertirse en el onnagata (actor de roles femeninos) perfecto, Shunsuke lidia con el peso asfixiante de las expectativas familiares. A lo largo de las décadas, su relación transita de la hermandad a una rivalidad feroz, transformándose en una danza de sacrificios personales, traiciones y una búsqueda obsesiva por el título de Tesoro Nacional Vivo.
Si que suena a esas miniseries que terminan en short y que son muy adictivas.

Tal es el caso de esta cinta dirigida por Lee Sang-il (Hula Girls, 2006), cuya duración es exactamente de 2 horas 54 minutos. Un metraje que se justifica plenamente, ya que la narrativa salta en varias etapas del personaje, desde su turbulenta adolescencia hasta la sabiduría de su vejez.
¡No inventen! La maestría de Sang-il logra que la película sea tan adictiva que, conforme avanzan los minutos, ruegas que no se termine. Es una experiencia inmersiva donde el peso del tiempo y la disciplina del escenario se sienten en cada fotograma. Ver la evolución de este hombre —del tatuaje al maquillaje, de la espada al abanico— es un recorrido emocional que te mantiene al borde del asiento.

En verdad, el ritmo no decae a pesar de rozar las tres horas; la construcción de este mundo donde la redención se busca a través del gesto perfecto es, en definitiva, ¡arte!
Si estaban buscando ese empujón final para lanzarse a las salas de cine, agárrense:
«Kokuho: El alma del kabuki» se estrenó este 26 de marzo y lo que está pasando es una absoluta locura.
No es solo una película, ¡es un fenómeno cultural que ya barrió con todo en Japón!

Para que se den una idea del nivel de obra que tenemos enfrente: se ha convertido en una de las cintas más taquilleras de la historia en el país del sol naciente.
No les puedo decir que van a salir simplemente ‘satisfechos’, porque con una joya así de adictiva uno siempre se queda con ganas de más; pero les firmo donde quieran, que van a quedar… ¡puff! Deleitados. Es cine de ese que se te queda tatuado en el alma, como un buen irezumi. Así que ya saben, mis cinéfilos tienen una cita.
Y recuerden, que soy su fiel amigo corresponsal, Axel Rodea, trayéndoles las reseñas desde la primera fila ¡Hasta la próxima!






