
¡Teatreros y teatreras del vasto universo Silvergeek! Amantes de lo extraño, lo raro y lo deliciosamente curioso, criaturas escénicas que celebran lo incómodo, lo insólito y lo que no pide permiso ¡Vengan para acá!
El viernes 25 de enero, en punto de las 8:00 p. m., nos dimos cita en el Teatro El Galeón Abraham Oceransky para presenciar el estreno de Oso polar decapitado del dramaturgo David Gaitán, gracias a la generosa invitación de nuestros amigos de IQ Icunacury Acosta & Co.
Con un elenco que impone presencia escénica: Verónica Bravo, Pablo Chemor, David Gaitán, Xóchitl Galindre y bajo la batuta de Martín Acosta, la obra se sostiene en interpretaciones que no piden permiso y una dirección que marca el pulso desde el primer instante.
¡Ey! ¡Ahí viene! ¿Quién? El contexto.
La obra se despliega en un porvenir distópico y desolado, donde un oso polar decapitado deambula por un planeta de hielo eterno, condenado a buscar lo irrecuperable, mientras la
humanidad, al borde del colapso, enfrenta un eclipse sin fin y la irrupción ominosa de la inteligencia artificial, que redefine los límites de lo humano.

¡Ey! ¡Ahí viene! ¿Otra vez el contexto?
No, la invitación con el no ¿La invitación con el no? Sí. Con él no es para todos, bandita teatrófila.
Esta es una obra radicalmente rara, atravesada por destellos cómicos que apenas conceden respiros antes de volver a sumergirnos en lo extraño. Un sci-fi escénico de alto voltaje, exuberante y desbordado, que hace de lo insólito su lenguaje y del exceso su poética, para conducirnos —entre el delirio y la lucidez— hacia preguntas profundas sobre la condición humana, la memoria y el vértigo de un mundo que se deshace y se oscurece frente a nuestros ojos.

Otra vez ahí viene ¿Quién? ¿La invitación o el contexto?
La invitación porque Oso polar decapitado toma el escenario del Teatro El Galeón Abraham Oceransky en una temporada que se extiende del 22 de enero al 15 de marzo de 2026, desplegando su universo escénico de jueves a domingo, para quienes buscan experiencias que sacuden, descolocan y permanecen más allá del aplauso final.
Asistan, abríguense y entréguense al viaje: porque no todos los días el teatro se atreve a mirar al futuro con esta ferocidad.
Recuerden que soy su fiel amigo corresponsal, Axel Rodea, trayéndoles la reseña desde la primera fila. Hasta la próxima.







