Song Sung Blue – Reseña

Una película que te rompe y te repara al ritmo de Neil Diamond

Escrita por: Oswaldo López

Song Sung Blue es de esas pelis que parecen hechas para ver con la familia un domingo, pero que al final te terminan pegando directo en el corazón. Cuenta la historia real de Mike, un mecánico veterano de Vietnam, y Claire, una peluquera con talento escondido, que juntos intentan cumplir un sueño medio loco: convertirse en un dueto de imitadores de Neil Diamond… y triunfar. Sí, suena raro, pero justo ahí está la magia.

La película tiene ese vibe nostalgioso que te hace sentir como si estuvieras escuchando un disco viejo que alguien muy querido te heredó. El director Craig Brewer (el mismo detrás de Hustle & Flow) le mete pura buena vibra de “underdog”: gente común tratando de brillar aunque la vida les aviente golpes uno tras otro. Y funciona cañón porque todo está sostenido por un dúo increíble: Hugh Jackman y Kate Hudson, que aquí da su mejor actuación en años.

Aunque claramente es una peli para señores, sorprende lo bien que conecta con cualquier generación. ¿Por qué? Porque es auténtica, emotiva y tiene un soundtrack que se te mete al alma. Brewer deja que las canciones respiren, no sólo las usa como relleno. “Sweet Caroline”, “Holly Holy”, “Play Me” y más clásicos suenan completas y terminan moviendo la historia mientras te hacen cantar sin querer.

La química entre Mike y Claire es lo que te engancha. No sólo son buenos imitadores; también se enamoran, se levantan mutuamente y construyen algo bonito con sus hijos, sus amigos músicos y hasta con los vecinos chismosos. Hay escenas que deberían ser cursis pero, no sé cómo, terminan siendo encantadoras. Como el primer ensayo en el garage: música, risas, y hasta la vecina malhumorada bailando mientras riega el pasto.

Obvio no todo es felicidad. La peli también muestra depresiones, pérdidas, errores enormes y la sensación de que a veces la vida se emperra solo por convivir. Pero Mike y Claire siguen adelante con una mezcla de esperanza, música y puro corazón. Y eso te hace quererlos.

La película no sólo revive la música de Neil Diamond, también te recuerda que incluso las vidas más comunes pueden tener momentos épicos si alguien cree en ti. Es una peli que se siente cercana, cálida y honesta, de esas que quizá no cambian el mundo, pero sí te dejan con ganas de llamar a alguien que quieres y decirle: “Oye, sigamos soñando, aunque sea a ratitos”. Y para una historia tan sencilla como humana, eso ya es muchísimo.

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