
Escrita por: Valeria Elizabeth Aguirre Sanchez
1. Descripción del evento
El 28 de noviembre, el Palacio de los Deportes se convirtió en el punto de reunión para los seguidores de Fangoria, el dueto español integrado por Alaska y Nacho Canut. La fecha formó parte de su gira en México y representó un regreso significativo a los escenarios del país. Asistí al concierto con mi mejor amiga Adriana, gracias a la invitación de OCESA, empresa productora del evento, lo que anticipaba una noche inolvidable.
2. Ambiente y audiencia
Desde los accesos, el ambiente era una mezcla de emoción y complicidad. Fans veteranos, jóvenes con estética alternativa y personas que crecieron escuchando los éxitos de Fangoria convivían sin distinción. Predominaban los looks negros, brillos, lentejuelas y maquillaje teatral, como si el recinto hubiera sido convertido temporalmente en un club nocturno de cultura queer y pop. El público platicaba, se tomaba fotos y mostraba entusiasmo antes de que iniciara la primera presentación.

3. Actuaciones musicales
La velada abrió con María Daniela, quien supo encender el ánimo del público con su estilo electro-pop fresco y directo. Sus beats dieron pie a los primeros movimientos de baile y un recibimiento cálido para quienes llegaron temprano.
Cuando terminó su set, las luces del recinto descendieron y el silencio colectivo solo fue interrumpido por gritos. Fangoria apareció: Alaska, acompañada de bailarines, tomó el escenario con firmeza escénica, mientras Nacho Canut controlaba los sintetizadores desde el centro trasero. Los primeros temas establecieron el tono,pero el punto de detonación emocional llegó con “Ni tú ni nadie” y “A quién le importa”. La audiencia cantó al unísono; al escucharlas recordé mi infancia, cuando estas canciones sonaban en la radio antes de que otros artistas como Moenia o Thalía las reinterpretaran. Fue un momento íntimo, personal y colectivo a la vez.
Más adelante, Fangoria cedió el escenario a una saxofonista invitada. Interpretó “Rolling in the Deep” (Adele), “Back to Black” (Amy Winehouse) y “Titanium” (David Guetta). El público escuchó atento, sorprendido por el giro musical, y respondió con aplausos sinceros.

4. Escenografía y producción
Visualmente, el concierto fue coherente con el estilo característico del dueto: pantallas con patrones geométricos, luces neón rosas y violetas, y destellos sincronizados con los beats electrónicos. Los bailarines reforzaban la teatralidad de Alaska, mientras las transiciones visuales entre canciones mantenían la dirección narrativa del show. No se trataba solo de interpretar temas; era una experiencia estética completa.
5. Anécdotas y curiosidades
Durante una pausa, Alaska agradeció al público por acompañar a Fangoria incluso después de los tiempos fuera de los escenarios. Reconoció a sus bailarines, a su equipo y dedicó palabras a la comunidad LGBTIQ+, invitándola a seguir siendo quien es “sin miedo al qué dirán”. Fue un momento emotivo y auténtico que conectó directamente con la audiencia.
6. Opinión y crítica
La calidad musical fue sólida. Fangoria demuestra que el tiempo no erosiona la presencia escénica cuando esta se sostiene con identidad. La mezcla entre clásicosy canciones recientes mantuvo un balance entre nostalgia y actualidad. Si hubo detalles mejorables, fue en momentos donde la voz de Alaska se perdía brevemente entre el volumen de los sintetizadores, aunque esto no afectó la energía general del concierto.
7. Reacciones del público
Al finalizar, varios asistentes comentaron que “por fin pudieron ver a Fangoria en vivo”, y muchos describieron el show como liberador. Un grupo de jóvenes mencionó que cantar “A quién le importa” frente a miles de personas les hizo sentir acompañados en su identidad. Las emociones compartidas parecían prolongarse incluso fuera del recinto.

8. Contexto histórico o cultural
Fangoria nació de la movida madrileña y desde entonces ha representado irreverencia, diversidad y resistencia cultural. En México, su influencia ha pasado de generación en generación, desde la radio hasta las versiones de otros artistas. Este concierto reafirmó que su mensaje sigue vigente: la libertad personal no es moda, es memoria.

9. Fotografías y multimedia
Aunque la mayoría de las imágenes surgieron de teléfonos móviles, los videos y fotos capturaron luces neón, coreografías y expresiones del público. Estos registros se convirtieron en recuerdos inmediatos de una noche que muchos querrán revivir.
10. Cierre y resumen
El concierto de Fangoria en el Palacio de los Deportes no fue solo un espectáculo musical. Fue una celebración de identidad, memoria y comunidad. Entre ritmos electrónicos, letras icónicas y mensajes sinceros, el público salió con la certeza de que la música puede ser un refugio. OCESA hizo posible un encuentro donde artistas y asistentes compartieron algo más que canciones: compartieron libertad.






