Digger, el delgado límite del absurdo entre la realidad y la ficción| Reseña

“Hoy vivimos una etapa durísima en la que el ser humano está tan profundamente decepcionado y desesperanzado; hemos perdido la fe en nosotros mismos; todas las instituciones y todo lo que parecía permitir una posible salida en el que vivimos, todo se ha colapsado…”, decía Alejandro G. Iñárritu en una charla sostenida con Juan Pellicer, reflejada en el libro Tríptico Cinematográfico: El Discurso Narrativo y su Lenguaje (2010); mientras terminaba de hacer su cuarto largometraje, Biutiful.

Pareciera que esta idea ha perdurado en la mente del cineasta mexicano, que en toda su obra se ha caracterizado por enfocarse en la complejidad del ser humano, ésa que ha llevado a los límites de la sátira y el drama a sus protagonistas. Sin embargo, con Digger, Iñárritu encuentra en Tom Cruise al histrión perfecto para lanzar una burla tan mordaz como ingeniosa e incómoda que, para algunos, resultará incomprensible o pretenciosa, pero que, en esencia, captura la esencia de ese comentario hecho 16 años atrás.

Resulta complicado hablar de la más reciente cinta de Alejandro sin arruinar la experiencia que ofrece la misma. Pero el primer aviso para el público es: esperen lo inesperado, pues lo que pareciera un relato acerca de un tipo conservador, inculto y vulgar provocando un colapso mundial sin precedentes se convierte en el ejercicio estético y narrativo más arriesgado que el cineasta ha tomado en su filmografía. Y, claro está, que eso nuevamente provoca la división de la crítica y el público por igual.

Hablando del montaje en general, es un gran acierto verla en la pantalla más grande posible gracias al formato que él y el “Chivo” Lubezki decidieron usar para crear el universo de Digger: Vistavision, tal como lo hizo Paul Thomas Anderson anteriormente con la multipremiada Una Batalla tras Otra. Aquí, sumado a la dirección de arte de Toby Brittony Adrian Makarewicz, cada secuencia y escena es como mirar un gran retablo o mural. Existe una calidad no sólo en los cambios estéticos provocados por la iluminación y la fotografía, sino en el sumo detalle alrededor que alimenta el discurso del filme.

La edición también permite tener un ritmo que, por momentos, se toma un respiro para seguir creando lo que resulta ser el dilema principal de Digger: ¿es acaso la realidad más dura que la ficción? O, peor aún, ¿es acaso la ficción un mero reflejo del absurdo egoísmo que practicamos día a día? Ese colapso al que Iñárritu se refería hace 16 años, aquí es visto desde una forma exagerada, tanto que resulta en una farsa tan increíble que no podría ser más que una fantasía, ¿o no? Es ahí donde la compleja sorpresa nos agarra y nunca nos deja ir, ni siquiera en la salida de la sala.

Otro gran acierto es el ensamble que la cinta tiene, algo que no es raro en Iñárritu. Si hay algo que destaca en la obra del mexicano es el buen trabajo con sus actores y aquí no es la excepción. Desde los papeles incidentales como Mercedes Hernández como la peculiar sirvienta, Emma D’Arcy (la Reina Rhaenyra de la serie La Casa del Dragón) como la agobiada asistente del arrogante millonario, hasta Jesse Plemmons como cierto individuo misterioso testigo de los hechos, tienen todos un pequeño momento para brillar.

Pero es con Riz Ahmed y John Goodman con quienes Digger crea una triada de locos que se roba todo el show. Ahmed como el científico ambientalista ignorado por todos, representa las voces de aquellos que quieren evitar un desastre ambiental de épicas proporciones. Mientras que Goodman recrea a un Presidente de los EEUU que pareciese una cruza entre Donald Trump y Joe Biden, representando la horrenda decadencia de un puesto megalomaníaco con aires mesiánicos. Ambos tienen líneas memorables pero también situaciones en las que reflejan gran parte del absurdo que se ve.

Todos ellos son amalgamados en el centro por un Tom Cruise irreconocible. Su encarnación de Digger Rockwell es monstruosa en todo sentido, capaz de mostrar en este hombre a alguien tan desagradable al que no le importa nada más que su gatita y excavar lo que sea necesario con tal de conservar el poder y la riqueza. Aunque, detrás de ello, Iñárritunos guarda una sorpresa que arrebata al gran villano de ser un cliché, metiéndolo en una exploración de lo que más le encanta: la condición humana, resonando a su vez con nuestro presente y el aterrador porvenir  que no se siente tan lejana a lo que vemos aquí.

Entre monólogos que suenan a confesiones punzantes, secuencias que te meten de lleno en el universo del filme, y una actuación que bien podría llevar a Cruise a ganar su primer premio Óscar, Digger es una comedia que no le pide nada a sátiras como Doctor Strangelove (Kubrick, 1964) que retoma ese pensamiento acerca del ser humano decepcionado, mismo que necesita recordar sus tragedias en forma de comedia, pero que también parece ser una señal de tardía advertencia para un mundo al borde del colapso, aquel en donde figuras como el despreciable protagonista suelen salir airosos. Pero, invariablemente, el destino siempre nos alcanza a todos. A veces en una ficción hilarante, otras en una dolorosa tragedia, o en el delgado punto medio que cada vez se borra más entre ambos.

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