Gallina: Una carcajada que termina atravesándote | Teatro

Cucucucuando…”

La primera vez causa risa.

Nadia Zoé apenas necesita pronunciarlo para que entendamos el juego. Hay algo de cacareo en la palabra, una interrupción absurda en mitad de una frase que inmediatamente nos recuerda la premisa que nos llevó hasta el Foro Shakespeare: estamos frente a una mujer que, al cumplir treinta años, comienza a convertirse en gallina. Sí, gallina.

Y durante los primeros minutos todo parece indicar que hemos llegado a una comedia extraña, irreverente y tremendamente peculiar. Nos reímos.

Lo que todavía no sabemos es que Gallina acaba de conseguir exactamente lo que quería: que bajemos la guardia.

Una mujer, algunas plumas y una herencia bastante extraña

Interpretada por Nadia Zoé, bajo la dirección de Valeria FabbriGallina parte de una situación que podría salir de una historia de realismo mágico.

La protagonista descubre que lentamente está adquiriendo características de un ave. Aparecen las plumas, los comportamientos extraños y, por supuesto, ese lenguaje que de vez en cuando se contamina con un “cucucucu” que rápidamente se convierte en uno de los recursos más reconocibles de la función.

Pero la transformación tiene antecedentes.

Su abuela también pasó por ella.

Su madre sabe qué sucede y aparentemente existe una manera de evitar terminar convertida completamente en gallina.

Con semejante premisa resulta difícil no entrar al juego.

Nadia explota perfectamente lo absurdo de la situación y establece una complicidad inmediata con el público. No necesitamos grandes explicaciones para aceptar las reglas de ese universo. Durante un momento parece suficiente preguntarnos por qué esta mujer está convirtiéndose en gallina, después comienzan los recuerdos.

Y la pregunta deja de importar tanto.

Cuando la memoria empieza a cambiar la obra

Gallina no cuenta su historia de manera completamente lineal.

Su protagonista nos lleva de un recuerdo a otro y poco a poco, comenzamos a conocer a la mujer que existe detrás de las plumas.

Aparecen relaciones, decisiones impulsivas, deseos, errores, búsquedas personales y momentos en los que parece intentar encontrar algo que ni siquiera ella sabe definir completamente.

El recurso funciona porque Nadia no nos entrega inmediatamente una explicación sobre su personaje. Primero convivimos con ella, nos reímos con ella e incluso podemos juzgar algunas de sus decisiones.

Y solamente después comenzamos a entender de dónde vienen.

Esta construcción hace que Gallina tenga algo especialmente interesante: cada nuevo recuerdo puede modificar nuestra interpretación de uno anterior. Aquello que inicialmente parecía una anécdota divertida puede adquirir otro significado minutos después.

Una reacción aparentemente exagerada comienza a resultar comprensible.

Una necesidad constante de escapar empieza a revelar que quizá existía algo de lo que realmente necesitaba huir, mientras tanto, la gallina continúa presente y también el “cucucucu”. Sólo que cada vez resulta un poco menos gracioso.

El momento en que dejamos de reír

Hay un punto de Gallina en el que la función cambia. No porque desaparezca de pronto la comedia ni porque Nadia anuncie que ahora estamos entrando en la parte dramática.Simplemente llega un recuerdo.

Y entendemos.

Sin entrar en los detalles de uno de los momentos que vale la pena descubrir directamente en el teatro, la obra comienza a abordar la violencia doméstica y posteriormente la frustración de buscar ayuda sin necesariamente encontrar la respuesta esperada. Entonces muchas de las piezas comienzan a ocupar otro lugar.

La mujer de la que nos reímos hace apenas unos minutos sigue siendo exactamente la misma. El “cucucucu” también, las plumas continúan ahí; pero la sala ya no reacciona igual. La risa se transforma primero en desconcierto y después en silencio.

Finalmente llega algo mucho más incómodo: la impotencia. Y ése probablemente sea uno de los mayores logros de la puesta en escena. Gallina no necesita convertirse en otra obra para hablar de violencia. No abandona el lenguaje que construyó durante la primera mitad de la función. Al contrario, utiliza los mismos códigos con los que nos hizo sentir cómodos para obligarnos a observarlos desde otra perspectiva, el humor no desaparece. Nosotros cambiamos frente a él.

Nadia Zoé y una gallina que nunca deja de ser humana

Estamos frente a un unipersonal, eso significa que prácticamente toda la experiencia depende de una sola intérprete. Durante cerca de una hora Nadia Zoé necesita mantener la atención del público sin otro actor que llegue a modificar la energía de una escena, rescatar un silencio o establecer un nuevo conflicto.

Y ahí está probablemente la mayor fortaleza de Gallina.

Nadia puede provocar una carcajada y pocos minutos después, transformar completamente el ambiente de la sala sin que ninguno de los dos momentos resulte artificial. Hay cambios en la voz, el cuerpo, las pausas y especialmente en la manera en que comienza a habitar sus propios recuerdos.

Pero nunca sentimos que estamos frente a dos personajes distintos.

La mujer divertida del comienzo y aquella que posteriormente comparte los episodios más difíciles de su vida son exactamente la misma persona. Eso se describe fácil al escribirlo, lograrlo sobre un escenario no lo es.

Especialmente porque Gallina corre un riesgo considerable: si la comedia domina demasiado, el drama podría sentirse oportunista; si el drama aparece demasiado pronto, desaparece el engaño inicial que hace funcionar toda la experiencia.

Nadia y la dirección de Valeria Fabbri encuentran un equilibrio en el que ambos extremos terminan alimentándose. Nos reímos porque todavía no conocemos toda la historia ycuando finalmente la conocemos, recordamos que nos habíamos reído. Ahí ocurre algo incómodo y precisamente por eso funciona.

Una advertencia que debería acompañar a Gallina

Existe, sin embargo, un punto que creemos importante señalar.

En la comunicación que encontramos alrededor de la función, aunque advierte Recomendado para jóvenes [+12] y adultosno vimos una advertencia clara acerca del contenido relacionado con violencia doméstica. Y consideramos que debería existir.

No porque la puesta necesite suavizar su discurso, mucho menos porque deban adelantarse los acontecimientos que construyen su clímax; la razón es prácticamente la contraria.

Nadia Zoé es suficientemente convincente para que determinados momentos puedan sentirse muy cercanos para una persona que haya atravesado una experiencia semejante.

Hay una diferencia importante entre saber que asistiremos a una obra dramática y descubrir inesperadamente que aquello que sucede frente a nosotros toca directamente una experiencia personal.

Una sencilla advertencia de contenido permitiría que cada espectador decidiera cómo acercarse a la función sin revelar qué ocurre, cuándo sucede o cuál es su desenlace. No le quitaría impacto a Gallina, el impacto está en cómo llega hasta ese momento.

Y eso ninguna advertencia puede arruinarlo.

La gallina ya no significa lo mismo

Después de llevar al público de la risa al desconcierto y posteriormente a la impotencia, Gallina todavía tiene una última decisión que tomar.

Podría dejarnos ahí, en el dolor, el enojo y en esa sensación de que determinadas historias simplemente continúan repitiéndose de una generación a otra. Pero decide no hacerlo.

Hay esperanza.

No una esperanza que borre lo ocurrido ni una solución sencilla que mágicamente arregle aquello que acabamos de escuchar, es algo mucho más pequeño y quizá por eso, más efectivo: la posibilidad de romper un ciclo.

Entonces aquella absurda transformación del principio vuelve a nuestra cabeza.

La abuela.

La madre.

La hija.

Las plumas, la necesidad de arrancarlas, el miedo a terminar completamente convertida yresulta difícil continuar viendo a la gallina únicamente como una gallina.

La obra tampoco necesita decirnos exactamente qué debemos interpretar. Puede hablar de aquello que heredamos. De los comportamientos que aprendemos. De las heridas que pasan de una generación a otra. Del miedo a repetir una historia. O simplemente del enorme esfuerzo que puede significar decidir que algo termina con nosotros y eso es lo que vuelve diferente a Gallina, pues los espectadores saldrán con diferentes gallinas camino a sus hogares.

Una obra pequeña que recorre una enorme distancia

Gallina fue seleccionada dentro de BRUJAS 4: Nuevas dramaturgias para una producción escénica feminista, iniciativa de Foro Shakespeare, Shakespeare & Cía y El77 y actualmente se presenta en el Espacio Urgente 2 del Foro Shakespeare, con Nadia Zoéal frente de una función en la que prácticamente todo depende de su capacidad para sostener al espectador. Y lo sostiene, no mediante grandes efectos, una producción gigantesca o un elenco numeroso.

Lo hace con una historia, un cuerpo y una palabra que al principio parece solamente un buen chiste.

Cucucucuando

Yo entré al Foro Shakespeare queriendo descubrir por qué una mujer estaba convirtiéndose en gallina. Durante un rato me reí de la idea, después intenté comprenderla, hubo un momento en que dejé de reír y terminé pensando en todas esas historias que heredamos sin haberlas elegido y en lo difícil que puede resultar decidir no repetirlas.

Al comenzar la función, convertirse en gallina parece ser el peor destino posible.

Al terminarla, entiendes que quizá nunca se trató realmente de las plumas.

Y ése es el verdadero truco de Gallina:

primero consigue que te rías mientras bajas la guardia y después utiliza esa misma risa para llevarte a un lugar al que probablemente no habrías entrado voluntariamente.

Cucucucuando salgas del teatro, la gallina tendrá otro significado.

GALLINA
Dramaturgia e interpretación: Nadia Zoé
Dirección: Valeria Fabbri
Foro Shakespeare – Espacio Urgente 2
Viernes 20:30 h
Temporada hasta el 20 de noviembre de 2026.

Escrita por: SsenkradPoe

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