
¡A Preparar el Estómago!
¡Bandita Silveriana! Estamos de vuelta y yo aquí ando dándome un atasque de aquellos, porque literal la dieta me hizo los mandados. Me ando empujando un pasteluki de tres leches, de esos atascados de azúcar que te tapan las arterias nomás de verlos, porque para platicar de la joyita bizarra que nos toca hoy, Insaciable (que en gringo le pusieron Saccharine), uno tiene que tener la tripa contenta o estar súper listo para que se le revuelva todo. Aquí el tema de la gula está perrísimo, así que corran por sus papitas, sus garnachas o su chuchería de confianza para leer esto, porque seguro después de enterarse de qué trata, les van a quedar un buen de ganas de seguir tragando… ajá, sí, cómo de que no. ¡Provechito, golosos!
Los Culpables de esta Joyita
Antes que nada, y con el cachete todavía inflado disfrutando este súper postre, le quiero mandar un abrazo y un trago de Pepto Bismol a nuestros compas de Diamonds Films. Siempre es un tremendo lujo que se avienten el tiro de traer propuestas tan crudas y viscerales a nuestras salas. En esta entrega, la mente retorcida en la silla de dirección es la talentosísima Natalie Erika James, que sabe perfecto cómo hurgar en nuestras peores pesadillas. Y obvio, para darle vida a esta locura, tenemos a la increíble Midori Francis, quien se avienta una actuación tan pasada de lanza, física y enfermiza que neta te deja con un sabor de boca… digamos, muy particular.

El Famosísimo Contexto (Cero Spoilers)
A lo que nos truje: el contexto. ¿De qué demonios va Insaciable? Les prometo cero spoilers para que no me reclamen después, pero la trama está voladísima de la cabeza. Seguimos a Hana, una estudiante de medicina con más traumas e inseguridades con su cuerpo que uno a final de quincena, y está desesperada por bajar la lonja. En su desesperación, cae en la modita más asquerosa y macabra posible: ¡tragarse unas pastillitas milagrosas que están hechas de cenizas de gente muerta! Sí, leyeron bien. Literalmente, bocado a bocado, este desmadre se va al carajo cuando a Hana la empieza a acosar el espíritu muerto de hambre de la persona que se está almorzando. Es un viaje súper oscuro sobre los trastornos alimenticios que te hace preguntarte hasta qué punto estamos de locos por querer encajar en los estereotipos.

Una Cámara con Apetito Propio
Hablemos de la magia enferma de la directora, porque Natalie Erika James de verdad se voló la barda. La forma en la que maneja la cámara es una completa locura; parece que la lente trae su propia solitaria. Se la pasa haciendo acercamientos súper incómodos a las texturas de la comida y la carne sudada, y te receta unos sonidos ASMR de masticación que, mientras le doy otro llegue a mi pastel, te dan ñáñaras en la nuca.
La peli es body horror puro y duro que le escupe en la cara a la cultura tóxica de las dietas extremas. Te hace ver un atasque de comida no como un antojo de bajón, sino como una tortura asquerosa, grotesca y dolorosa que te deja sin aire en la butaca.

El Veredicto: Con el Estómago en la Mano
Llegando a la hora de la verdad, y justo pasándole el dedo al plato para acabarme lo último de la rebanada, les digo con las tripas de fuera que la neta… ¡me encantó! Me fascina la bofetada visual y narrativa que nos dan. Sé perfecto que a muchos les va a dar asco o la van a odiar, porque no es para estómagos sensibles; es de esas películas que te patean fuera de tu zona de confort y no te dan la trama masticadita. Pero a mí me tuvo agarrado del asiento de principio a fin, tiene un atrevimiento que honestamente ya le hace falta a la cartelera. De hecho, me vale lo que digan, de lo que va del año esta asquerosidad hermosa entra directito en mi top 3. Es cine que sigues repitiendo en tu cabeza (y en tu estómago) horas después de salir.

La Mesa Está Servida
Así que ya se la saben, Bandita, el bufet está abierto. La invitación está en la mesa para que vayan a verla, se atrevan a ensuciarse y saquen sus propias conclusiones. La película ya se estrenó este 06 de agosto y ya la pueden ir a buscar a su cine de confianza. Vayan, atásquense de palomitas, unos buenos nachos con extra queso o un pastel entero (si es que la película no los hace vomitar antes), déjense llevar por esta locura y luego córranle aquí a los comentarios de Silvergeek para chismear si les dio hambre o de plano se les cerró la garganta.
Recuerden, que soy su fiel amigo corresponsal, Axel Rodea, trayéndoles las reseñas desde la primera fila ¡Hasta la próxima!






